Lecciones aprendidas tras 4 días de teletrabajo

Bueno, pues si en mi artículo anterior señalaba que el coronavirus podía ser el pistoletazo de salida para esta carrera del teletrabajo, no hemos tenido que esperar mucho tiempo. En mi caso, desde el pasado martes estoy trabajando desde casa. Para aquel día estaba preparado un ensayo con parte de la plantilla fuera de nuestro centro de trabajo y con otra parte aún desde las instalaciones. Pero la realidad fue más rápida y el lunes por la noche ya recibimos un comunicado señalando que se recomendaba que todos nos quedáramos en casa. Y así que lo hicimos.Así que mañana lunes, cumpliremos nuestro quinto día de teletrabajo. ¿Que conclusiones he sacado hasta ahora de la experiencia?

No es lo mismo teletrabajar sólo en casa que con toda la familia.

Primera gran diferencia entre esta experiencia y otros momentos de teletrabajo. Esto está siendo totalmente diferente y algo más complicado. No es lo mismo estar tu sólo en casa, que estar tres intentando hacer lo mismo (porque claro, Pablo de 10 años ya está telestudiando). Lo que habréis vivido todos en esta situación actual. Hay que preparar desayuno, parar para dar los buenos días, resolver las dudas de mates, resolver problemas de conexión (que han sido bien pocos), aguantar los momentos de pánico por el crash bursatil (mi mujer es la que se dedica a esos temas), hacer un descanso para que todos nos pongamos al día y comentemos las últimas cifras del virus… La parada para comer no es de 45 o 50 minutos; sino que puede llevarte dos horas si no tienes ayuda…
Algunas de estas dificultades se han ido reduciendo con el paso de los días, la situación se va normalizando, aunque empieza a notarse el agobio de tanto día en casa (y eso que hasta ahora todavía podíamos salir al monte un rato)

No es lo mismo teletrabajar uno sólo a que lo haga todo el equipo.

Para mí esta es la dificultad mayor. Cuando uno decide teletrabajar un día, todo lo demás sigue en el mismo sitio. Las reuniones son presenciales y tú no estás (o sólo tú entras por teléfono); si alguien te está buscando el resto del equipo le echa una mano o le dice donde andas; las conexiones seguras con la empresa funcionan sin problemas… Pero claro… es que ahora estamos todos fuera y organizar esto conlleva un poco de esfuerzo por parte de todos. Porque no es así tan fácil. ¿A que todos los que estamos en esta situación hemos pasado más o menos por estos problemas?

Caídas de la VPN: el martes todo fue como un tiro. 0 problemas… o unos pocos, pero muy pocos. Las malas lenguas dicen que es que no todo el mundo estaba conectado (esa es la falta de confianza de la que hablaba en el artícuo anterior). Pero el miércoles… el miércoles la VPN dejó de ser funcional. A unos no los dejaba entrar, a otros los tiraba a mitad de la sesión, los que estaban conectados decían que la velocidad era horrorosa. Primeros momentos de crisis. Nosotros, que estamos en un momento clave de entrega de información, sufríamos viendo lo que se venía encima para jueves y viernes, dos días clave. Seguro que hubo comités de crisis y reuniones al más alto nivel. Varios planes diferentes y soluciones posibles y factibles bajo análisis. Pero el jueves volvió la normalidad y el viernes todo corrió perfectamente. Veremos mañana, pero entendamos que son las «cosas del directo» y que estamos en un escenario de crisis (el otro día volví a ver «Juegos de guerra» con mi hijo y estaban con aquello del DEFCON3)

Uso de «nuevas aplicaciones». No, yo creo que a mí no me han instalado nada nuevo, pero… ¿cuanta gente no sabe cómo funciona el programa de videoconferencia? ¿cuanta gente sabía que hay tres programas que permiten hacer videoconferencia (es nuestro caso)? ¿Y los programas de trabajo colaborativo? ¿Habéis visto la cantidad de cosas que se pueden hacer con Teams? ¿O Slack, quien lo use? Esto va dependiendo un poco del uso de estas herramientas en el pasado, pero os prometo que hay gente que estamos (el burro delante para que no se espante) aprendiendo una ingente cantidad de capacidades de los programas informáticos. Y eso que no nos metemos con Asana, Trello y demas herramientas de trabajo colaborativo y en remoto.

Temas organizacionales. Sin duda el mayor problema es organizarse entre todos, y aquí es donde posiblemente estén quedando retratadas las «malas prácticas» de nuestro día a día en oficinas físicas. Y aquí me voy a centrar en tres puntos que se me han hecho muy evidentes estos días.

1. El aquí te pillo aquí te mato: me refiero a ese momento en que te pilla un compañero, un jefe, un alguien venido desde la otra punta de la planta y se pone a tu lado y «ahí te pilla ahí te mata». Ese «tienes un minuto», o ese, como pasaba por aquí pues te suelto dos mil marrones. Los programas que estamos usando para comunicarnos, incluyendo el correo electrónico, tienen una característica común: no son obligatoriamente síncronos. Es decir, el receptor del mensaje puede estar a otra cosa y no es obligatorio que te responda en el momento, ni se de por aludido. Por eso no vale con soltar un mensaje en el chat del Teams para decir, «nos reunimos en dos minutos». A lo mejor, este hecho nos permite comprender que esos comportamientos no siempre son necesarios, o al menos no tan a menudo como los solemos poner en práctica. Pero ojo, existe una función en el móvil que si permite esa sincronía o que al menos, nos permitiría conocer que el receptor si ha visto el mensaje y lo ha comprendido (ojo, da algo más que el doble check azul) y es una de las que menos he utilizado estos cinco días: ¡¡¡¡¡El teléfono!!!!! Bueno, estamos todos aprendiendo

2. El mal uso de los calendarios y las agendas. Es bueno, ahora más que nunca, que todo el mundo tenga actualizadas las agendas. Y en momentos como este, incluso las obligaciones familiares o la hora en la que tienes previsto parar a comer o salir a comprar. Dado que todos estamos en videoconferencias y reuniones no presenciales, es bueno además comprobar, al convocar una reunión, que los asistentes están disponibles. Eso es una obligación para quien convoca; pero los posibles convocados es bueno que tengan las agendas actualizadas para evitar problemas de no asistencia. En la vida normal también debería hacerse así, pero en estos momentos es aún más relevante. 

3. El exceso de mensajes y de canales de mensajería. El primer día tuve muchos problemas con esto y acaba siendo un poco más de lo mismo. Como todos, imagino que los mensajes en el whatsapp se han visto multiplicados y por ejemplo yo vi uno enviado por mi jefe a las 17,30 unas tres horas después. Así que he aprendido a «fijar conversaciones». Es decir, los tres grupos más relevantes de trabajo están siempre arriba del todo, por lo que siempre cuando entro a la App. El Skype empresarial si que te llama la atención cuando tienes mensajes sin leer y además te envía un email si no te conectas en mucho rato. Pero al Teams no le tengo para nada pillado el truco y hay veces que me pierdo varios mensajes sin leer durante horas, algunos más importantes que otros. Y por supuesto… sigo con las notificaciones apagadas, lo siento. Si me pitase el movil con cada mensajito… Ya lo sabéis… para lo urgente, se llama por teléfono (y ojo, cuando todo es urgente e importante, entonces nada lo es).

Acabando que es gerundio.

Y ya para acabar, que esto se me alarga demasiado, algunas cosillas de las que me he dado cuenta en estos días y que quiero compartir.
Cambiarse de ropa: Joder que relevante es mantener estas costumbres. Nada de currar en pijama. Vestirse, aunque sea ponerse un chandal, y afeitarse (si se hacía antes) para que realmente te parezca que no estás de vacaciones o fin de semana.
Deporte: hasta hoy ha hecho buen tiempo y antes del estado de alarma he estado saliendo a pasear todos los días por el monte, una muy buena forma de desestresar. Pero a partir de ahora tocarán otras cosas como hacer estiramientos o bajarse apps de esas de ponerse en forma en 7 minutos y sin salir de casa. Todo sea por relajar un poco este estado.
Espacio de trabajo: Yo tengo mucha suerte porque no tengo problemas. Tenemos espacios diferenciados y todo va bien. Tengo una pantalla enorme que me soluciona muchas cosas, pero sé que no todo el mundo tiene estas condiciones. Buscar un lugar cómodo en casa y dedicado sería lo correcto, pero aquí no es cuestión de lo que se quiere sino de lo que se puede.
Horarios y pausas: No lo voy a negar, no echo de menos los atascos mañaneros y me ahorro dos horas de coche todos los días. Pero no he cambiado el horario de levantarme. Intento ponerme a las 7,15 o 7,30 y hago pausas. Muchas. Cortas y medias. A veces porque necesito descansar yo y a veces porque alguien necesita algo por casa. Mañana veremos como se plantea todo sabiendo que ya no podemos salir.
Relajar las formas: Bueno, la primera vez que Pablo vino en medio de una vídeo fue un poco cortante, para mí y para los que estaban al otro lado. Sabéis lo que os digo, que toca relajar las formas y los modales. Vamos, que no te diré que esto sea un despiporre, pero que tenemos que entender que estamos en un estado excepcional (que no de excepción). Hay bebés que gritan en las conversaciones, adolescentes que cruzan las habitaciones, suegras a las que se les oye preguntar por la comida y críos que vienen a preguntar dudas por las matemáticas. Y sabéis que, bienvenidas sean estas cosas porque al fin y al cabo, es lo que tenemos que vivir en estos días de virus.

Seguro que se me olvidan un millón de cosas y que habéis tenido experiencias para contar. Pues para eso están los comentarios, que son todos bienvenidos. Nos leemos, o si queréis, montamos una videoconferencia.

#YoMeQuedoEnCasa #RetoTeletrabajo #DeEstaSaldremosMásFuertes

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