Diciendo al rey que va en pelotas (y es un artículo de gestión)

Hay un cuento, «El traje nuevo del emperador», que tiene muchos años, escrito por Hans Christian Andersen y que tiene muchas versiones y diversos orígenes en muchas culturas según he visto en la wikipedia, que me ha venido a la mente por temas relacionados con el trabajo. En él, unos pícaros le engañan al rey vendiéndole una tela muy especial, tan especial que sólo los estúpidos no podían verla. Y el rey salió a la calle «vestido» con su nuevo traje a dar un desfile por las calles delante de todo su pueblo. Y aunque todo el mundo veía al rey en pelotas, nadie decía nada, pues nadie quería quedar ni como un estúpido, ni mucho menos descubrirle al rey que le habían tomado el pelo. Hasta que llegó un niño, y con toda su inocencia dijo… «¡¡¡Pero si está desnudo!!!». Y allí se descubre todo el pastel.

En mi carrera profesional, me he preguntado muchas veces si somos capaces de decirle a nuestro rey (Jefe de equipo, de departamento, de área, de división, de empresa…) que a veces va en pelotas; o si estamos dispuestos a que nos lo digan (dependiendo del cargo de cada uno). Es decir, si somos capaces de comunicar o recibir las malas noticias, de señalar que las cosas van mal, que los indicadores no salen bien, que los proyectos no avanzan al ritmo al que tendrían que avanzar… Y anexada a esta reflexión se pega otra, acerca de si la cultura de las empresas a decirlo. ¿Cómo se aceptan las malas noticias? ¿Se está abierto a reconocer los problemas, los retrasos, las situaciones contrarias?

Hay organizaciones (desde un grupo de trabajo unipersonal a las grandes corporaciones), donde los KPIs, donde los indicadores de resultados, el grado de avance de los proyectos, donde todo siempre va fenomenal. Organizaciones donde todo es maravilloso. Y cuando te encuentras en una situación así a mi me nacen dos preguntas: ¿será verdad? ¿o estarán mal puesto los objetivos? Imaginémoslo en nuestros objetivos de primeros de año, en nuestras buenas intenciones para cambiar nuestras vidas con motivo de haber cubierto una vuelta más alrededor del sol. Si nos hemos puesto objetivos como leer más, hacer más ejercicio, comer más saludable, perder X kilos, estar más tiempo con la familia, aprender algo nuevo y los hemos cuantificado… ¿estás en todos «en verde»? ¿De verdad estás cumpliendo todo lo que dijiste? Y si es verdad que estás progresando en todos correctamente, ¿seguro que eran unos objetivos desafiantes? A lo mejor me equivoco, pero pocos lectores habrá que ya después de 17 días del año puedan decir que van totalmente alineados con sus objetivos del día 1. Factores externos como la nevada han provocado que no puedas salir a hacer ejercicio, y si has sustituido el ejercicio por la pala para quitar nievo igual no has tenido tiempo para leer, o seguro que te has ganado una cervecita por limpiar toda la puerta del garaje. Venga, va, el de pasar más tiempo con la familia lo has cumplido, entre que no podías salir por la nieve y algunas comunidades no han empezado el colegio todavía…

Pero a veces hay otro problema, y es que la organización (empezando por uno mismo), la jerarquía, no acepta las malas noticias. Es una cultura establecida y no sólo en las empresas, sino también en las personas y aunque hoy se le está dando la vuelta, sigue vigente en muchos países. Simple y llanamente preguntémonos: ¿Cómo entendemos el fracaso de un proyecto? ¿Cuál es nuestra reacción ante alguien que intenta poner en marcha un negocio y no llega a buen final? ¿Qué es lo que siempre nos han enseñado, desde la escuela, acerca de no llegar a alcanzar los objetivos? «MAL». No es culpa nuestra, «es que nos han dibujado así» (como le decía Jessica a Roger Rabbit en la película – esto es para cuarentones y cincuentones). Por suerte, esto de las metodologías agile ya nos están trayendo otras formas de ver las cosas y el error se ve de otra manera: «Equivócate, pero hazlo rápido». El error pasa a verse como algo inseparable del intento y que antes o después va a suceder. Y eso es bueno.

Como todos sabemos, 2020 ha sido, para la inmensa mayoría de las personas y las organizaciones, un año de mierda. De malas noticias. De incumplimientos. De errores. De cierres. De fracasos. Sin duda muy duro para muchos. Pero una oportunidad para entender que las malas noticias existen, y que están ahí, pegadas a nuestros objetivos, a nuestros proyectos, a veces por factores endógenos a veces por causas exógenas. Pero están, y no deberíamos olvidarnos de que están.

Considerando que lo correcto sería un cambio de cultura generalizado en torno al incumplimiento, al error, no digo ya vanagloriar el error, pero bastaría con no estigmatizarlo; cuando menos sería positivo tener a alguien de confianza que, caso de que se produzcan, diera esas malas noticias. Un niño que nos abra los ojos y que nos impida salir en pelotas a la calle; alguien que sepa decirlo y que sepa comunicar esas malas noticias. Alguien que no tenga miedo a llenar de rojo (cultura occidental) una presentación con las cosas que no están cumpliéndose. Alguien que sepa cambiar la cultura del error desde dentro. Aprovechemos que 2020 nos ha traído tanta desgracia para cambiar ese comportamiento ante los errores, los fallos, los incumplimientos…

¿Y vosotros? ¿Cómo comunicáis las malas noticias? ¿Estáis abiertos a las malas noticias? ¿Cual es la cultura que vivís en torno al no cumplimiento de los objetivos? Nos leemos. Y mirad antes de nada si estáis desnudos aunque nadie os lo esté diciendo…

Ilustración: Milan Rubio #INKTOBER 2015 30. The Emperor’s New Clothes :: El Traje Nuevo del Emperador. Calligraphic pen on paper. From flickr.com

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