PesoEn el artículo de ayer, hablaba de la constancia como elemento clave para conseguir los objetivos. Pero no es el único elemento. Y hoy voy a exponer mi caso personal, en un tema que estos días me está obligando a darlo todo, pero que seguro que muchos os sentís identificados cuando lo leáis. El viernes tengo una visita al médico en la que van a decidir si me ponen pastillas para controlar la tensión o no me las ponen. No es la primera vez que me encuentro en esta situación, pero siempre lo he conseguido solucionar… y casi siempre del mismo modo. Perdiendo peso. Os pongo en antecedentes.

Hace ya unos cuantos años, el Santander lazó un programa para «empleados gordos» con el sobrenombre de «Mejora tu salud». Si tenías un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 28 podías acceder a un nutricionista a precio de ganga y te regalaban tres meses de gimnasio. Antes de ello te hacían una serie de pruebas médicas para evitarse sustos y entender tu punto de partida. Mi forma física en aquel momento era… redonda, esférica. Pesaba 95 kilos y estaba en un IMC de 30. De hecho en la máquina esa con nosecuantos cables por el cuerpo no aguanté ni tres minutos caminando. Como ellos mismos dijeron, estaba más cerca del hospital que del gimnasio. A peaser de esos inicios, el programa fue un éxito para mí. Con mucho esfuerzo por mi parte, pasé de 93,3 a 79,5 kilos en 4 meses. Y unos niveles de tensión arterial magníficos, claro.

Esto era allá por 2016, o sea, hace ya 8 años. Pero dejas los buenos hábitos (siendo exacto debería decir que los relajas, ya que hay muchos buenos hábitos que no he perdido del todo) y el peso empieza a recuperarse poco a poco. Primero recuperas los 80, luego se te va la mano y estás en 85, llega un momento de estrés y te pones en 90 y oops… entre pitos y flautas este invierno me puse en 94,5 kilos. Máximo histórico de la serie y esto no es bueno. Además yo mismo he decidido recuperar los chequeos de salud periódicos, que con esto de ser autónomo, pues ya no me los ofrecen desde la empresa. Así que visita al médico de cabecerea, toma de tensión y yo, con mi síndrome de bata blanca, casi le provoco un infarto al médico… Más vale que me la había medido antes en mi casa y se la llevaba anotada. Resultado de la visita, tengo que tomarme la tensión en mi casa y conseguir demostrar que la puedo tener controlada. Lo que obliga a tomar medidas para bajar los KPIs de turno (sí, un análisis de salud es un dashboard lleno de Indicadores Relevantes).

Las tres medidas clave para conseguir el objetivo son sencillas: comidas más sanas y controladas; cero alcohol y mucho ejercicio. Ojo… no es que comiera demasiado mal, pero si que he retirado bollería industrial y algunos aperitivos. Tampoco es que abusara del alcohol, quizás una caña al día en media y alguna más los fines de semana, pero nada de copas). Y también es cierto que algo me movía… pero no lo suficiente (de dos días de tenis a la semana este año baje a una hora de padel). Son medidas sencillas de decir, pero complicadas de implementar porque las tres medidas tienen sus problemas, es necesaria mucha fuerza de voluntad para implementarlas y hay que ser muy constante con ellas.

La fuerza de voluntad se define como aquella capacidad o habilidad para resistir las tentaciones a corto plazo con el objetivo de cumplir metas o propósitos a largo plazo. Es decir… hay que tener muchísima fuerza de voluntad para no comerse unas galletitas saladas con una cerveza mientras ves el partido de fútbol en la tele. Hay que tener mucha fuerza de voluntad para pedirse una coca cola zero (sí, ya sé que no es lo mejor) en vez de una jarra de cerveza cuando te juntas con los amigos. Y lo mismo hay que tenerla para subirse todos los días a una bici estática a sudar como un cerdo (cada uno sudamos como lo que somos) y no encontrar una excusa en forma de «no tengo tiempo» para no hacerlo.

Pero es que eso no pasa sólo una vez y ya está. ¡Que va! Es todas las veces, frente al frigorífico o al armario de la cocina, cuando el camarero preguta eso de «que quieren tomar» o cada vez que te encuentras frente a esa máquina inmunda… Eso es la constanciarepetir el buen comportamiento una y otra vez, una y otra vez, sin desfallecer. Ni cuando estás cansado o cuando estás con los amigos, ni cuando hay final de la champions (Bueno, ese día sí que me lo salté). Por eso lo más importante de todo es la motivación… es el motivo que nos lleva a poner en marcha esas acciones. Como señala Alfonso Alcántara en sus charlas, «motivación no es tener ganas, sino tener motivos» y los motivos son personales y muchas veces son poco racionales (o al menos en este caso, el mío, me parece muy poco racional).

¿Por qué quiero perder peso? No, no es un elemento estético, aunque reconozco que me gustará verme sin esta barriga cervecera como en el pasado. No, no es algo de encontrarse físicamente mejor, ya que mi estado de forma, aún con kilos de más, no es tan desesperantemente negativo como en 2016. Ni siquiera es por tener la tensión en sus niveles correctos, ya que la hipertensión es una enfermedad silenciosa, sin síntomas. De hecho, posiblemente la médico la puede regular con medicación. Ese es mi verdadero motivo. ¡¡No quiero empezar a acumular tratamientos médicos con solo 47 años!! Todas las noches me doy unas gotas por tensión intraocular alta, para evitar riesgo de glaucoma. No hay nada que pueda hacer más que eso. Cada X meses tengo que donar sangre porque por temas genéticos, tiendo a tener más hierro en sangre del que debería. No puedo hacer nada contra eso. Pero si está en mi mano controlar mi tensión arterial con ejercicio, alimentación y reduciendo el alcohol. Así que el verdadero motivo de todo esto es que casi lo considero un fracaso personal no controlar mi tensión. ESE ES MI FUCKING MOTIVO.

¿Y tú? ¿Qué es lo que te motiva para conseguir tu próximo objetivo? ¿Como andas de fuerza de voluntad? ¿Y de constancia?

Ps: por si alguien está preocupado… estaba en 140 95 de tensión y ayer ya estaba dando 110 77… vamos que parece que estoy en el buen camino.

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